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La Carrera en la Política Exterior Mexicana: los nombramientos del Presidente

En horas recientes, Enrique Peña Nieto anunció la adopción de una serie de cambios que afirma tendrán como efecto el fortalecimiento del cuerpo diplomático mexicano, garantizando así un mejor desempeño de nuestra política internacional.

No existe razón para dudar que dichas medidas puedan traducirse en beneficios internos, sin embargo se encuentran lejos de significar el cambio estructural que requiere nuestra política exterior, ya que persiste el precepto constitucional que permanentemente ha entorpecido la efectividad de las representaciones de México en otros países; los nombramientos de embajadores y cónsules generales, han sido, son y seguirán siendo competencia exclusiva del Presidente de la República.

 Primero que nada, debemos saber que el Servicio Exterior Mexicano (SEM) es el cuerpo diplomático encargado de representar a México en el extranjero. Su administración y dirección se encuentran bajo el mando del Secretario de Relaciones Exteriores y por ende su labor está destinada a cumplir con los intereses del Ejecutivo Federal.

 El ingreso al SEM consiste en un proceso sumamente estricto y prolongado y el Instituto Matías Romero (la academia diplomática mexicana dependiente de la cancillería) se las arregla para reclutar únicamente a aquellos que demuestran habilidades extraordinarias.

 El SEM cuenta con un sistema escalonado donde el rango mas bajo es el de agregado diplomático y el mas alto el de ministro (hablando de la rama diplomático consular), existiendo de por medio varios años de carrera y distintos peldaños por los que se puede ascender siempre y cuando se aprueben exámenes periódicos de conocimiento, se demuestren méritos académicos y se evidencien habilidades diplomáticas.

 Dicho lo anterior, podemos afirmar que se trata de una de las instituciones más sólidas de este país, ya que conserva la permanencia de sus miembros (siempre condicionada a la superación continua), independientemente de la alternancia partidista o la titularidad en turno del Ejecutivo.

 ¿Dónde quedan los cargos de Embajador y Cónsul General?

Como podemos observar, estos cargos no están contemplados en el escalafón de la carrera diplomática mexicana. Todos sabemos que el papel más importante para la ejecución de la política exterior de cualquier país, radica en la posición del Embajador y del Cónsul General, recayendo sobre el primero la responsabilidad de velar por los intereses de la nación, y sobre el segundo la de brindar la debida protección a los derechos de los nacionales que se encuentran fuera del país.

Edificio de la Cancillería Mexicana, la SRE

Edificio de la Cancillería Mexicana, la SRE

Desgraciadamente, el artículo 89 constitucional concede al Presidente de la República (previa aprobación del Senado) la facultad exclusiva de realizar los nombramientos de los cargos en cuestión, limitando así el crecimiento profesional de un diplomático de carrera mas allá del rango de ministro, y dejando a criterio del Ejecutivo Federal las asignaciones de mayor importancia para la política internacional. Esto no solamente mantiene en permanente disgusto al personal del SEM que puede encontrar su carrera topada al no ser considerado para ascender a este último peldaño, sino también a la ciudadanía que observa cada vez más nombramientos de carácter político que depositan en manos incompetentes la imagen de México ante la comunidad internacional. Es importante mencionar que en nuestro país existe un gran número de diplomáticos que, tras más de 30 años de carrera, se jubilan sin nunca haber adquirido alguno de estos dos nombramientos.

 Sobre esa misma línea, la Ley del Servicio Exterior Mexicano establece que, sólo en casos excepcionales, podrán acreditarse como Embajadores o Cónsules Generales a miembros del personal de carrera que tengan el rango de ministro, reafirmando así la facultad exclusiva del presidente en este sentido.

 Basta con comparar la trascendencia que a lo largo de la historia han mostrado los embajadores de carrera contra aquellos de asignación política, para resaltar la vital importancia de la experiencia que adquieren los miembros SEM. El mejor ejemplo de ello es nuestro premio Nobel de la Paz, Don Alfonso García Robles, quien inició su carrera como tercer secretario en la embajada de México en Suecia. Don Alfonso fue ascendiendo en la carrera diplomática y adquiriendo los conocimientos y habilidades que años mas tarde le llevarían a realizar una de las aportaciones mas valiosas en favor de la humanidad, logrando establecer la primera zona libre de armas nucleares en el mundo. Además, portador de un característico liderazgo, influyó para que se designara a México como sede del Tratado de Tlatelolco. Gracias a ello, nuestro país tiene el orgullo de alojar al Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, única institución internacional con sede en México.

 Un ejemplo actual es el de la Embajadora Emérita Patricia Espinosa Castellano, quien ingresó al servicio exterior mexicano en el año de 1981. Gracias a su larga y exitosa trayectoria, el pasado mes de agosto fue asignada Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el cargo de mayor relevancia en ese rubro a nivel global.

 Los cambios al Reglamento de la Ley del SEM enunciados el día de ayer por el Presidente de la República definitivamente contemplan aspectos relevantes para el desarrollo de nuestro cuerpo diplomático, pues comprende aspectos como una convocatoria extraordinaria para sumar a 100 miembros, la extensión de posibilidades de capacitación, seguridad de rotación, etc. Sin embargo, ninguna de estas medidas asegura el correcto desempeño de las embajadas y consulados mientras estas no estén comandadas por diplomáticos de carrera, ya que las sólidas fortalezas que podemos encontrar en los mandos medios y bajos de nada sirven si no se garantiza la eficiencia de los primeros mandos.

Para lograr la reestructuración que requiere nuestra política exterior, es necesaria una reforma constitucional que conlleve cambios de fondo y no una reforma al reglamento que sólo trae consecuencias de forma. Para estos efectos, ni siquiera es necesario privar al Presidente de la facultad de nombramiento de Embajadores y Cónsules Generales, pero sí obligarle a que dichos nombramientos (al menos la mayoría de ellos) deban hacerse eligiendo entre el personal diplomático de carrera.

Gerardo Zamudio

Maestro en Derecho Internacional por la Sorbona de Paris

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Acerca de Gerardo Zamudio (3 Artículos)
Consultor de Negocios enfocado en Desarrollo Internacional. Maestro en Derecho Internacional por la Sorbona de Paris.

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